05. JESÚS GARCÍA LÓPEZ (Murcia), Entendimiento y Voluntad en El Acto de La Elección

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Una descripción del acto volitivo, desde la intersección de la filosofía y la psicología
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  ENTENDIMIENTO Y VOLUNTAD EN EL ACTO DE LA ELECCIÓN JESÚS GARCÍA LÓPEZ 1. INTRODUCCIÓN. El presente trabajo quiere ser un comentario crítico de dos tesis de las condenadas el 7 de marzo de 1277 en París por Esteban TEMPIER  y que parecen patrocinadas por  SANTO TOMÁS.  Son las señaladas con los números 129 y 163 y dicen así: «Que la voluntad mientras permanece la pasión y la ciencia particular en acto, no puede obrar contra ellas». «Que la voluntad sigue necesariamente a lo que es firmemente creído por la razón y que no puede apartarse de aquello que dicta la razón. Esta necesidad, empero, no es coacción, sino que se debe a la naturaleza de la voluntad». Lo que hay de verdaderamente tomista en estas tesis quedó expresado de manera mucho más exacta en la que lleva el número 21 de las 24 tesis aprobadas por la Sagrada Congregación de Estudios el 27 de julio de 1914, y que dice así: «La voluntad sigue al entendimiento, no le precede, y apetece necesariamente aquello que se le presenta como un bien que sacia por completo el apetito; pero elige libremente entre aquellos otros bienes cuya apetencia le es propuesta por un juicio variable. Por consiguiente, la elección sigue al último juicio práctico, pero de la voluntad depende que dicho juicio sea o no el último». Según esto puede atribuirse a  SANTO TOMÁS  la tesis de que la voluntad sigue necesariamente al entendimiento en dos ocasiones: primero, cuando éste le presenta al bien sumo, absolutamente sacia-tivo de ella, y segundo, cuando el entendimiento formula el último 93  JESÚS G RCÍ LÓPEZ juicio práctico,  que  determina inmediatamente  la  elección; pero  en este caso  hay que  hacer constar  que ese  juicio práctico  es  último precisamente  por la  voluntad. Por otra parte,  las  pasiones  no  determinan tampoco rigurosamente  a la  voluntad. 2. EL  DOMINIO  DE LO  VOLUNTARIO Según  una  definición  que ha  devenido clásica,  el  acto voluntario es aquel  que  procede  de un  principio intrínseco  con  conocimiento  del fin. En palabras del propio  SANTO TOMÁS: «Todo  lo que  obra  o se  mueve  por un  principio intrínseco  que tiene algún conocimiento  del fin,  tiene  en sí  mismo  el  principio  de su acto,  no  sólo para  que  obre, sino para  que  obre  por un fin.  Pero esto  es lo que  importa  el  nombre  de  voluntario».  S. Th.,  I-II, q. 6,  a. 1) «Para  la  razón  de  voluntario  se  requiere  que el el  principio  del acto  sea  interior  con  algún conocimiento  del  fin».  S. Th.,  I-II q. 6, a.  2). En esta definición  hay  como  dos  elementos:  uno  genérico  —la procedencia  de un  principio interno—  y  otro específico  —el  conocimiento  del  fin—.  Por eso hay  actos  que se  oponen  a los  voluntarios  de una  manera genérica,  en  cuanto  que  proceden  de un  principio externo,  y  pueden  ser  contranaturales  lo  violento)  o  preternaturales  lo  artificial);  y hay  también actos  que se  oponen  a los  voluntarios  de una  manera solamente específica,  en  cuanto  son  realizados  sin  conocimiento  del fin, y  pueden  ser  simplemente naturales (los propios  de los  seres  no  vivientes)  o  actos vitales  no  cognoscitivos  los  propios  de los  seres vivientes  con  vida puramente vegeta tiva). Hay  que  advertir además,  que el  conocimiento  del fin  puede  ser de  dos  modos:  uno  perfecto, cuando  se  conoce  el fin  como  fin o se conoce  el fin en su  razón formal  de fin, lo que  sólo  es  posible  en el conocimiento intelectual,  y  otro imperfecto, cuando  se  conoce  al go  que es fin,  pero  sin  conocer  su  razón formal  de fin, lo que  ocurre en  el  conocimiento sensitivo.  De  aquí  la  división  de los  actos voluntarios  en:  perfectos,  que  tienen  a su  base  un  conocimiento intelec- 9  EL CTO DE ELECCIÓN tual del fin, e imperfectos, que se apoyan en un conocimiento sensitivo de aquello que es fin, pero que no alcanza al fin como tal. Por lo demás, como la voluntad en sentido propio es la tendencia que nace del conocimiento intelectual, los actos voluntarios propiamente dichos son los llamados perfectos, o sea, los que se apoyan en un conocimiento intelectual del fin. Que es lo que dice  SANTO TOMÁS: «Hay dos clases de conocimiento del fin, a saber, uno perfecto y otro imperfecto. Hay un conocimiento perfecto del fin cuando no sólo se conoce la cosa que es fin, sino también la razón de fin, y la relación de los medios al fin, y tal conocimiento sólo compete a la naturaleza racional. Hay también un conocimiento imperfecto del fin, que consiste en la sola aprehensión del fin, sin que se conozca la razón de fin y la relación del acto al fin, y tal conocimiento del fin se encuentra en los animales brutos, mediante los sentidos y el ins tilo.  Pues bien, al conocimiento perfecto del fin sigue lo voluntario según una razón perfecta, o sea, cuando conocido el fin, alguien pu-diendo deliberar acerca del fin y de los medios, se mueve hacia el fin o no se mueve. En cambio al conocimiento imperfecto del fin sigue lo voluntario según una razón imperfecta, o sea, cuando conociendo el fin no delibera, sino que se mueve súbitamente hacia él-Por tanto sólo a la naturaleza racional compete lo voluntario según una razón perfecta, mientras que según una razón imperfecta compete también a los brutos».  S. Th.,  I-II, q. 6, a. 2). Los actos voluntarios propiamente dichos se dividen, por su parte, en actos elícitos e imperados. Los primeros son los que realiza la propia voluntad, o mejor el hombre mediante la voluntad, mientras que los segundos son los que realiza cualquier otra facultad humana movida por la voluntad, o mejor, el hombre mediante cualquier otra facultad, pero impulsada por el uso de la voluntad. Por su parte, los actos imperados son de dos clases: aquellos en que el influjo de la voluntad es terminante e irresistible, por ejem plo,  los que realizan las potencias motoras cuando no están impedi das,  y también muchos actos del entendimiento y de los sentidos internos; y aquellos en que el influjo de la voluntad encuentra resistencia y puede ser contrariado, por ejemplo, los que realizan los apetitos sensitivos, tanto el concupiscible como el irascible. De estos últimos se dice que la voluntad ejerce sobre ellos un dominio «políti co»,  mientras que de los primeros se dice que la voluntad los domi-95  JESÚS G RCÍ LÓPEZ na «despóticamente». Esta doctrina la toma  SANTO TOMÁS  de  ARISTÓTELES: «Por eso dice Aristóteles que la razón domina al apetito irascible y concupiscible, no con dominio despótico, que es el que tiene el amo respecto del esclavo, sino con dominio político o civil, que es el que se refiere a los hombres libres, que no están totalmente sometidos al imperio del gobernante»  S. Th.,  I-II, q. 17, a. 7). En cuanto a las potencias motoras  SANTO TOMÁS  escribe: «Los miembros del cuerpo son ciertos órganos de las potencias del alma. Por tanto, del mismo modo que las potencias del alma se comportan en orden a obedecer a la razón, así se comportan también los miembros del cuerpo. En consecuencia, así como las fuerzas sensitivas están sometidas al imperio de la razón, pero no las fuerzas naturales, así todos los movimientos de los miembros que son movidos por las potencias sensitivas están sometidos al imperio de la razón, pero los movimientos de los miembros que siguen a las fuerzas naturales no están sometidos al imperio de la razón»  S. Th.,  I-II, q. 17, a. 9). 3. EL OBJETO DE LA VOLUNTAD. EL BIEN Y sus DIVISIONES. El objeto de la voluntad es el bien o el mal, aunque no indistintamente; el bien es, en efecto, buscado y querido, mientras que el mal es rechazado y odiado. Además, como la razón que nos lleva a huir del mal es precisamente la tendencia que tenemos al bien, que es contrario al mal, por eso se puede decir, sin más, que el objeto de la voluntad es el bien en común. Además, como la voluntad no es un apetito natural, sino elícito, el bien al que tiende es el bien conocido.  SANTO TOMÁS  dice todo esto con suficiente claridad: «Una misma potencia se refiere a los extremos opuestos, pero no de la misma manera. La voluntad se refiere al bien y al mal, pero al bien apeteciéndolo, y al mal huyendo de él. Así, pues, el mismo apetito actual del bien se llama voluntad; en cambio, la huida del mal se llama, más bien, noluntad »  S. Th.,  I-II, q. 8, a. 1, ad 1). (Así como aquello a lo que tiende el apetito natural es el bien que existe en la realidad, así aquello a lo que tiende el apetito animal o voluntario es el bien conocido»  S. Th.,  I-II, q. 8, a. 1). 96
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