46. Inmaculada Lopez, J. Tinoco

Arqueología

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Cæsaraugusta, 78. 2007, pp.: 609-630 ISSN: 0007-9502 Resultados antropológicos de campo de la necrópolis romana hallada en c/ Bellidos, 18 (Écija, Sevilla)…
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Cæsaraugusta, 78. 2007, pp.: 609-630 ISSN: 0007-9502 Resultados antropológicos de campo de la necrópolis romana hallada en c/ Bellidos, 18 (Écija, Sevilla) Inmaculada LÓPEZ FLORES J. TINOCO MUÑOZ Introducción Documentación y contextualización urbana Hasta hace escasamente un año, prácticamente la única referencia que tenía- mos acerca de la existencia de un área de enterramientos en este sector de la ciu- dad, eran las vagas noticias recogidas por el Padre Róa en la que se alude a la exis- tencia de un osario: «entre la Puerta de Palma y la Cerrada está una parte de tie- rra llana que de tiempo antiguo se llama de Osario, que sirvió a los romanos para los sepulcros»1. Contamos con una información más reciente facilitada por los autores del C.A.A.P.S. en la que se aportan datos referentes a la existencia de una «tercera necró- polis pasado el puentecillo del arroyo del Matadero, por donde tuvo que entrar la vía militar de Hispalis, por aquellos alrededores, y en un área de extensión conside- rable han aparecido en diferentes ocasiones epígrafes funerarios»2; si bien al ser la delimitación bastante difusa, no podemos asegurar que en esta área se englobara nuestro solar. La constatación a través de documentación arqueológica de las necrópolis romanas en la Colonia Augusta Firma Astigi no son demasiado abundantes, desta- CÆSARAUGUSTA 78 1. MARTÍN DE RÓA, Écija, sus santos y su antigüedad eclesiástica y seglar, Écija, 1890, pp. 298. 2. HERNÁNDEZ DÍAZ, J., SANCHO CORBACHO, A., COLLANTES DE TERÁN, F., Catálogo Arqueológico y Artístico de la Provincia de Sevilla, Tomo III, Sevilla, 1951. 609 Inmaculada LÓPEZ FLORES y J. TINOCO MUÑOZ cando por razón de proximidad e interés de sus resultados, las intervenciones reali- zadas en la calle Cristo de Confalón3 y en la calle Victoria4. En diciembre de 1999, en el transcurso de los movimientos de tierra realizados para la edificación de un sector periférico conocido como «La Algodonera», califi- cado hasta hace poco como suelo industrial pero recalificado recientemente, en función de las necesidades de expansión de la ciudad, como urbanizable, se docu- mentaron más de 60 enterramientos de los siglos I-II d. C.5. Por lo que respecta al enclave urbanístico del solar que nos ocupa, se encuen- tra en un sector extramuros de la ciudad romana; si bien no se tiene constancia fide- digna del trazado del recinto amurallado de esta época, tanto los autores de la Carta de Riesgo de Écija elaborada en 19996, como el arqueólogo I. Rodríguez7 han reali- zado una reconstrucción del perímetro murado imperial; este último autor plantea la existencia de una puerta de entrada a la ciudad junto al antiguo Matadero, que se situaría a escasamente 100 metros de nuestro solar; por tanto, se ubicaría en un área relativamente próxima en su sector meridional a la vía Augusta y al anfiteatro —emplazado grosso modo bajo la actual plaza de toros—, quedando constreñida en su límite este por la propia muralla. Al oeste, la necrópolis se expande sobre una ladera compuesta, desde un punto de vista geológico, por margas con aportes de guijarros; se trata de una zona distal de un abanico aluvial. Respecto a los aspectos puramente antropológicos, se diferenciaron dos fases principalmente de acuerdo con la intensidad de los trabajos realizados en campo. La I Fase Antropológica se realizó bajo la supervisión puntual de Juan Manuel Guijo Mauri y Raquel Lacalle Rodríguez. En la II Fase se posibilitó la presencia intensiva de un profesional a pie de campo durante los meses de noviembre y diciembre de 2000, fruto de la cual son los resultados que exponemos en este artículo. Contextualización cronológica y estratigráfica Como resultados de la intervención, mencionar que se han exhumado un total de 118 enterramientos (de los que 36 se excavaron durante la II Fase Antro- pológica), pertenecientes al siglo I. d. C.; la mayoría se adscribiría cronológicamen- te a la dinastía Julio-Claudia, presentando un ajuar muy abundante consistente principalmente en vasos de vajillas de lujo de diferente tipología y ungüentarios. Aunque apenas se ha empezado a realizar el estudio de los materiales muebles, ya se ha constatado que los elementos más representativos porcentualmente y que nos permiten fechar los depósitos funerarios, son las copas y páteras, conocidas como 3. NÚÑEZ PARIENTE DE LEÓN, E. y RODRÍGUEZ TEMIÑO, I., Anuario Arqueológico de Andalucía, Tomo III, 1987. CÆSARAUGUSTA 78 4. NÚÑEZ PARIENTE DE LEÓN, E., «Victoria n.º 15 - Calle Villareal de Écija. 1990-1991», Anuario Arqueológico de Andalucía, Tomo II, 1992, pp. 695-703. 5. TINOCO MUÑOZ, J., (inédito), Informe de la I.A.U. en el sector E-38. 1.ª fase, Residencial la Algodonera de Écija, Sevilla. 6. SÁEZ FERNÁNDEZ, P., ORDÓÑEZ AGULLA, S., GARCÍA-DILS DE LA VEGA, S., (inédita), Carta de Riesgo de Écija. 7. RODRÍGUEZ, I., «Notas acerca del urbanismo de la Colonia Augusta Firma Astigi», Actas del I Congreso sobre Historia de Écija, Tomo I, Excmo. Ayuntamiento de Écija, 1988, pp. 101-123. 610 Béticas de imitación tipo Peñaflor8, siendo muy posible que procedan de talleres ubi- Resultados antropológicos de campo de la necrópolis romana hallada en c/ Bellidos, 18 (Écija, Sevilla) cados en la cercana Celti. La necrópolis parece que no sobrevivió al siglo I d. C., ya que por desconocidos motivos no continuó ejerciendo funciones de área cementerial —apuntamos aquí la posibilidad de que las frecuentes inundaciones del arroyo del Matadero lleven a des- plazar la zona de enterramientos algo más hacia la pendiente de la ladera—, siendo apreciable un hiatus en lo que a niveles arqueológicos concierne, que llega hasta los siglos XII-XIII, momentos de los que encontramos una serie de cimientos confor- mados por guijarros, que establecen unidades habitacionales de grandes dimensio- nes, correspondientes, tal vez, a construcciones de carácter pecuario. El solar parece que vuelve a caer en el abandono hasta que, superponiéndose a las estructuras islámicas, se localizan restos de edificaciones modernas y contem- poráneas, aparentemente de los siglos XVIII-XIX, que ocupan, sobre todo, la parte trasera del solar y que se mantienen de forma ininterrumpida hasta la actualidad. Metodología antropológica de campo Excavación Teniendo en cuenta los diferentes rituales que nos hemos encontrado, tanto de inhumación como de incineración, las estrategias establecidas para su recuperación y estudio han sido diferentes, por lo que las exponemos a continuación en distin- tos apartados. Enterramientos de incineración La excavación de los restos incinerados tiene su inicio en la detección de la línea de fosa. Ésta venía marcada por una línea de color rojizo (tierra rubefactada) correspondiente posiblemente a los límites de la pira funeraria. Este hallazgo (loca- lizado en el 95% de los enterramientos, ya que el resto estaba alterado por remo- ciones posteriores), no dependió en ningún momento de la estructura funeraria empleada (fosa simple, caja de tégulas, caja de ladrillos o ánfora) (figura 1). En todas las ocasiones dicha línea rojiza marcaba el exterior de la fosa, lo que facilitaba en la mayoría de los casos la comprensión e individualización de los ente- rramientos. Una vez delimitado el enterramiento, se procedía a su excavación por estratos naturales. Este método, con la presencia de un especialista en campo, permite la delimitación natural de las deposiciones así como la observación de aquellas acu- CÆSARAUGUSTA 78 mulaciones artificiales, asociaciones anatómicas o posibles articulaciones, con lo que se respeta en todo momento el registro arqueológico y antropológico. 8. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, F., «Las cerámicas béticas de imitación tipo Peñaflor: bases para el estudio de un nuevo grupo cerámico de época altoimperial», Boletín de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología, n.º 26, 1989, pp. 60-65. 611 CÆSARAUGUSTA 78 Inmaculada LÓPEZ FLORES y J. TINOCO MUÑOZ 612 FIG. 1. Incineración en fosa simple (U.E. 82). La excavación por niveles deposicionales nos permitió registrar una serie de Resultados antropológicos de campo de la necrópolis romana hallada en c/ Bellidos, 18 (Écija, Sevilla) datos interesantes sobre ritual. En primer lugar, la mayoría de los enterramientos presentaban fosas con sección en «U». Mostraban en sí el proceso de excavación que habían realizado los enterradores. En segundo lugar y a grandes rasgos, pudo detectarse varios niveles deposicio- nales del proceso de relleno de las fosas de incineración. Una primera capa (última deposición), correspondía al relleno de la fosa, realizado con la tierra misma de la necrópolis (limoarcilla), donde se ubicaba la mayor parte del ajuar no quemado; es decir, ofrecido tras la cremación. Por debajo de este nivel, aparecía una densa capa de cenizas y carbones negros, donde aún permanecían algunos fragmentos leñosos junto con restos de ajuar quemado (principalmente ungüentarios). En el último nivel, una capa de limoarcilla de color rojizo intenso con numerosos fragmentos de carbón, donde se alojaba la mayor parte de los fragmentos óseos. Esta estratigrafía pudo detectarse en varios enterramientos, y en todos ellos la potencia de los distin- tos niveles variaba, no siendo constante ni siquiera en el interior de la estructura. En tercer lugar, esta técnica permitía detectar otras posibles fosas en el interior, que albergasen estructuras como urnas o cajas de tégulas. En este caso, la excavación minuciosa por niveles deposicionales iba descubriendo subestructuras delimitadas por otras tantas fosas, lo que se habría perdido si se hubiese impedido la observa- ción completa en planta del enterramiento. Una vez que los distintos elementos fueron identificados (restos óseos, ajuar, urnas, etc.), se procedía a su numeración y signación arqueológica, respetando en todo momento la individualidad de cada enterramiento. Enterramientos de inhumación La excavación de las inhumaciones se realizó, al igual que en las incineracio- nes, retrocediendo en las pautas rituales que debieron emplearse en su momento para el entierro: detección de la fosa, extracción del relleno y extracción del cuerpo. Los enterramientos de inhumación detectados en esta fase se disponían en fosa o en ánfora. La excavación de los enterramientos en fosa vino precedida de la delimitación de la línea de contorneación, que en este caso venía marcada por la compacidad de la tierra (mucho más suelta en el interior de la fosa que en el exterior), no detectán- dose una coloración distinta entre ambos depósitos (interior y exterior). Una vez que el enterramiento se encontraba individualizado, se procedió a la definición perimetral del esqueleto, a partir de la realización de pequeños sondeos laterales en puntos estratégicos, como la zona donde debe hallarse supuestamente el brazo o las piernas. Con esto conseguimos una aproximación a la posición del esqueleto y a su estado de conservación. CÆSARAUGUSTA 78 El conocimiento de la posición del esqueleto es fundamental a la hora de valo- rar la estrategia de excavación, ya que difiere según tengamos decúbito supino, late- ral o prono. Asimismo, la valoración perimetral del esqueleto nos proporciona información sobre su estado de conservación. En la necrópolis de la calle Bellidos, los enterramientos de inhumación presen- taban un estado de conservación pésimo, derivado principalmente de la humedad 613 Inmaculada LÓPEZ FLORES y J. TINOCO MUÑOZ inconstante del suelo (limoarcilloso impermeable) unida a un grado de presión del sedimento sobre los esqueletos muy elevado, lo que engendró numerosas fracturas longitudinales y desintegración de las superficies articulares, favoreciendo a su vez la penetración de raíces a lo largo de las diáfisis o fustes primarios de los huesos. Una vez expuesto el esqueleto, se procedía a su signación arqueológica y registro. Registro de campo El registro de campo se realizó una vez los restos osteológicos estuvieron expuestos en su totalidad, para una valoración global de todos los aspectos rituales. Para los restos incinerados, se empleó una ficha diseñada a tales efectos (ver Anexo) donde se contempla: 1) Los datos de registro arqueológico de los restos. 2) Croquis/foto de la unidad estudiada. 3) Aspectos rituales: En este apartado hemos distinguido entre los puramente arqueológicos y los antropológicos. Hemos de destacar que todos estos diagnósti- cos se elaboraron en campo, sin realizar labores de limpieza ni restauración, por lo que este apartado está sujeto a la confirmación o modificación de laboratorio. 4) Interpretación del enterramiento. 5) Análisis de los restos identificados: Comprende el estudio puramente antro- pológico, por lo que la mayor parte tiene su utilidad en el estudio de laboratorio, aunque fue empleado en campo para algunos diagnósticos más acertados. 6) Registro fotográfico. Para los enterramientos en inhumación, se utilizó una ficha de registro antro- pológico general (Anexo) y otra de orientaciones anatómicas observables. La ficha de registro antropológico general se encabeza con los datos de regis- tro arqueológico (yacimiento, estructura funeraria, cronología y unidad antropoló- gica). A continuación, se describen las alteraciones postdeposicionales que ha sufri- do el hueso a través de un código alfabético. El ajuar y los artefactos y ecofactos aso- ciados al enterramiento también son especificados. El índice gráfico de conserva- ción ósea se expresa sombreando las partes presentes en el esqueleto; este gráfico variará dependiendo si el esqueleto estudiado es adulto, infantil o feto. En el apartado siguiente se realiza una primera valoración del ritual y diag- nósticos demográficos: la tipología de la estructura funeraria, el tipo de ente- rramiento, la orientación y posición del esqueleto, estimaciones de campo de edad y sexo, observaciones generales y medidas preventivas de campo. CÆSARAUGUSTA 78 La parte posterior de la ficha está destinada principalmente a especificar los fundamentos de diagnóstico empleados en demografía, y evaluaciones de tipo mor- fológico y patológico. Por último, los referentes de registro y una foto o croquis del enterramiento. Para el registro de orientaciones anatómicas se parte de una descripción deta- llada de las caras que presentan los huesos y su plasmación gráfica, de forma que 614 pueden establecerse las relaciones o no relaciones anatómicas entre los distintos Resultados antropológicos de campo de la necrópolis romana hallada en c/ Bellidos, 18 (Écija, Sevilla) segmentos del esqueleto. Para ello empleamos otro tipo de ficha más simple donde, bajo el cuadro de registro arqueológico, se esquematiza un esqueleto donde los huesos corresponden a figuras y en su interior se deja un espacio para colocar la letra correspondiente a la cara o borde que presenta el hueso. En la parte posterior, se disponen una serie de casillas para aquellas observa- ciones especiales respecto a la conservación, alteraciones predeposicionales (como una postura forzada por alguna malformación o patología especial), deposiciona- les (por características de la zona de deposición) o postdeposicionales (como las alteraciones tafonómicas o las alteraciones antrópicas del enterramiento). Estas fichas (exceptuando la última) son retomadas después en laboratorio, donde los datos se verán confirmados o modificados tras la fase de limpieza y res- tauración. Tras el análisis de los enterramientos, se procedió a la toma de fotografías (papel, diapositiva y digital) y a la elaboración de croquis y dibujos a escala. Extracción de los restos La extracción de los restos estuvo determinada por la observación continua de los materiales, ya que era necesario anotar posibles asociaciones anatómicas u otros aspectos de tipo demográfico o patológico, que hubiesen quedado ocultos en ar- ticulaciones o bajo las cenizas y fragmentos incinerados. Para los restos incinerados la extracción se realizó intentando llevar el orden inverso a la deposición, esto es, liberando primeramente las piezas que habían sido colocadas por último. El agrupamiento de las cenizas y fragmentos no presentaba ninguna disposición específica, ni se encontraron asociaciones o concentraciones de fragmentos por partes anatómicas. En todos los casos se empleó la misma metodología hasta llegar al suelo de la fosa o base del enterramiento, para poder recomponer el ritual en su totalidad. La extracción de los esqueletos inhumados comienza por las partes más frá- giles o susceptibles de extraviarse, como son las manos y los pies. A continuación, los huesos largos de las extremidades para permitir una mayor movilidad para acce- der al tórax. La posición en decúbito lateral no permitía la extracción de parte de las extremidades superiores hasta el final, ya que éstas quedaban bajo la caja torácica. En ambos casos (restos incinerados e inhumados), a la vez que las piezas se extraían se iban clasificando por lado y parte anatómica, liberándolas del sedimen- to adherido y permitiendo que la humedad desapareciera, dejándolas secar a la sombra sobre papel absorbente (para evitar la presencia de humedad en el interior de los continentes, que provocaría la aparición de hongos y la consiguiente des- CÆSARAUGUSTA 78 trucción progresiva del hueso). En las bolsas se especificaba: yacimiento, unidad y zona anatómica de los res- tos, para facilitar posteriormente las labores de limpieza y clasificación de labora- torio. En los casos en los que el hueso se encontraba muy frágil y corría peligro de desintegrarse en el proceso de extracción, se utilizaba consolidante. Para ello, el 615 Inmaculada LÓPEZ FLORES y J. TINOCO MUÑOZ hueso debía estar liberado de la mayor cantidad de sedimento posible y no presen- tar humedad. Se consolidaron piezas individuales, nunca por segmentos anatómi- cos ni en bloque, ya que para ello debían utilizarse grandes cantidades de este pro- ducto y ni siquiera así podíamos asegurar su integridad debido a la permanencia de humedad en el interior del bloque, lo que facilita su fragmentación. Tuvieron prio- ridad aquellas piezas de valor a la hora de elaborar diagnósticos demográficos, mor- fológicos o patológicos. Tratamiento del cuerpo y ritual de enterramiento Enterramientos de incineración En todos los casos estudiados durante nuestra intervención, los cuerpos se inci- neraron y enterraron en la misma fosa, lo que se confirma por la presencia de la línea rojiza (límite de la fosa y pira funeraria), y de restos óseos junto con carbones y tie- rra rubefactada (fruto del agrupamiento de las cenizas llevado a cabo tras la incine- ración); ritual que hemos podido comprobar en otras áreas funerarias de la misma cronología9. Temperatura de combustión y estado del cuerpo Teniendo en cuenta que los datos disponibles por ahora son los elaborados en el trabajo de campo, exponemos a continuación la temperatura de combustión alcanzada por el cuerpo durante la cremación y el estado del cuerpo en ese momen- to; es decir, si el cuerpo se encontraba aún en estado fresco o por el contrario, se encontraba descarnado y liberado de tejidos blandos. Respecto a la temperatura de combustión, diremos que el 90% de los restos observados presentaban una coloración gris-azulada-blanca, que según los autores puede corresponder a una temperatura de 600-650° C10 u 800 °C11. El logro de tan altas temperaturas puede deberse tanto al empleo de una gran cantidad de com- bustible como a una exposición prolongada al fuego, lo que sin duda nos está remi- tiendo importantes aspectos rituales. Al entrar en contacto con el fuego, las partes blandas del interior de los huesos ejercen una presión que se traduce en una serie de roturas en las zonas de menor resistencia del hueso. El patrón de dichas roturas no es el mismo con el hueso en estado fresco o seco12. El tipo de fragmentación de los huesos estudiados por nos- otros en Bellidos: fracturas transversales y onduladas, fisuraciones longitudinales CÆSARAUGUSTA 78 9. FERNÁNDEZ FLORES, Á. y LÓPEZ FLORES, I., «Validez de los est
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