Algunas observaciones sobre la influencia africana en el mosaico hispanorromano

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Algunas observaciones sobre la influencia africana en el mosaico hispanorromano
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  ALDABA 3O NOVIEMBRE 1998  f DIRECCIÓN José Megías Aznar CONSEJO DE REDACCIÓN V¡cente Moga Romero Antonio Bravo NietoPaloma Moratinos BernardiMoisés Salama BenarrochTeresa Rizo GutiérrezCelia García Marfíl Teresa Serrano DardertrDITA Y DISTBIBUY[Servicio de publicacionesdel centro Uned-Meliìla d Lope de Vega, 1, Apdo 1 21 Tels: 95 2681 08O y 95 2683447 Fax: 95 2681 468 e-mail: info@melilla.uned es DISEÑO Y PRODUCCIÓN EDITORIÁ.L Manigua s I IùIPRIi\IE Copartgraf Depósito legal: GR 526 83 l55N:0213-7925  sobre Ia AlSunüs obseraacionesen el .1. mosatco ntsnanorromuno influencia africana JOSE MARIA ALVAREZ MARTINEZ IJn tema bien extendido en los estudios de la musivaria occidental ha sido el de determinar el grado de influencia que los talleres y escuelas nor- teafricanas desarrollaro en otras regiones más o menos limítrofes como Ia Galia, Hispania y la propia Península Itálica y sus islas. Estas consideraciones han tenido como base la espléndida realidad de las escuelas que se desarrollaron en el Norte de Africa, a partir de finalesdel siglo I d. C., y sobre todo en el período comprendido entre mediados del siglo II y los finales del siglo III d. C., el çlue se ha dado en llamar "la Edad de Oro del mosaico norteafricano" (1). Esas destacadas series musivas que han proporcionado conocidos yacimientos que se alinean de Tripolitania a la Tingitana?y que muestran un sin fin de bellos motivos ornamentales, entre ellos las notables producciones del denominado "estilo florido", de conocidas representaciones mitológicas? o de asultos de la vida cotidiana, son las que han hecho pensar a diversos autores en una cierta dependenciade las mismas de algunas escuelas que se desarrollaron en la Calia, Italia o la Península Ibérica y que, indudablemente, ofrecen temas y representacio- nes similares y, por qué no decirlo, en ocasiones, estilos muy cercanos. 241  José María Alvarez MartÍnez Desde luego, el gran número de pavimentos recuperados en esa prolífi- ca regi6:n, gue se vió favorecida por Ia administración romana en el perío- do referido, permite a los especialistas realizar estudios que, de día en día, van determinando la personalidad y la variedad de las escuelas que surgie- ron en ese área geogríÅíc" (2). Dmbabin opinaba (3) q"" los primeros contactos entre los mosaistas his- panos y los norte#ricanos pudieron haber tenido lugar a cornienzos del siglo III d. C. Con posterioridad, las relaciones se estrecharían como pone de manifiesto la repetición de las representaciones, sirnilares en uno y otro caso, bien por esos contactos directos aludidos o por el uso de los mismos modelos. Llega a pensar la distinguida profesora que el auge en la realizaciírr de mosaicos hispanos en el siglo IV d. C. pudo motivar, incluso, la presencia de musivarios norteafricanos en busca de trabajo, ç[ue influirían en la temática y en el tipo de composiciones muy similares en muchos casos a las norteafri- canas. Esta fue, igualmente, nuestra reflexión a propósito del estudio de los caracteres de los mosaicos de la uilla de "El Hinojal", donde aprecifüamos reflejos africanos,rnâs concretamente de lazona de Cartago (4). Esta situación era también apreciable en otras regiones como ltalia, y, sobre todo, Sicilia. A propósito de los mosaicos de la isla y su relación con los del Norte de Africa, 'Wilson (5) llegó alanzar tres hipótesis a manera de explicación del parentesco entre Lrnas y otras producciones:a) Los mosaicos sicilianos pudieron ser realizados por artesanos africanos. b) Los talleres africanos pudieron haber tenido filiales en la isla. c) Se utilizaron los mismos cartones, sin atender a la personalidad de una y otra escuela. Parecidas consideraciones se hizo Johnston a propósito de la posible influencia de los mosaicos africanos en 1os británicos: que mosaistas afri- canos visitaronT o se establecieron en Cran Bretaña; que repertorios o rnanuscritos srcinarios del Norte de Africa se usaron en Brítannia o,Io que parece más probable, eue las influencias llegaron indirectamente, de acuerdo con la difusión de los temas en el Imperio (6). Por su parte, entre nosotros, el Prof. BIâzquez, eüe ha realizado una meritoria labor de estudio y difusión de los mosaicos hispanos y ha dado 242  ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE LA INFLUENCIA AFRICANA EN EL N/OSAICO HISPANORROI\,1ANO aliento a un buen equipo de especialistas, ha incidido en numerosas oca- siones en Ia influencia africana de algunas de nuestras series musivas de los siglos III y IV d. C. fundamentalmente. Sus consideraciones son muy interesantes y la evidencia está presente en muchas de ellas, pero, aceptán- dola, opina que se ha exagerado un tanto esta in{luencia y que a veces las similitudes pueden responder al empleo de un modelo común (7). Otros estudiosos han minimizado esta influencia africana en nuestras producciones. Tal es el caso de Fernández-Galiano (B), quien ha llegado a cuestionar la dimensión de esa posible dependencia. En verdad, el panorama dista mucho de ser claro. Es cierto que se aprecian influencias, pero no lo es menos que las afinidades afectan a cuestiones de carácter genelal, fundamentalmente a aspectos iconográ-ficos, mientras que los esquemas compositivos, y los temas ornamentales,que, en ocasiones, pueden definir más a una escuela o variante, no se han analizado con la profundidad que sería de desear, aunque se está en el camino correcto gracias los programas de estudio que se han llevado a cabo en los últimos tiempos tanto en un sitio como en otro. Hoy, en nues- tra opinión, no estamos en condiciones de presentar sino una leve aproxi- mación al problema.Pero esas relaciones y similitudes en las producciones musivas existen. Es claro, corno se ha dicho en numerosas ocasiones, que las relaciones que mantro Hispanía con el Norte de Africa a lo largo de varios siglos fueron abundantes. BIá.zqrez (9) ha enumerado repetidamente los momentos y las circunstancias en los que esos contactos se hicieron más patentes (10). Estos se incrementaron considerablemente durante eI Bajo Imperio y es significativo a este respecto el gran número de testimoniosque vinculan a la iglesia hispana, en especial a la emeritense) con la de Cartago, que era regida por la poderosa figura de San Cipriano, quien llegó a enviar una carta a la atribulada diocesis augustana inmersa en una crisis por la apostasía de su metropolitano (11). Existieron, además, a 1o que parece, abundantes contactos comerciales entre ambas regiones y en el caso) también, de la colonia Augusta Emerita, 243
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