La influencia africana en el mosaico hispano-romano: algunas consideraciones

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La influencia africana en el mosaico hispano-romano: algunas consideraciones
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  Anas - 10 (1997) pp.39 - 5039 LA INFLUENCIA AFR.ICANA EN EL MOSAICO HISPANORROMANO : ALGUNAS CONSIDBRACIONES JoSÉ MARÍA ÁI-vaRBz MARTÍNEZ RESUMEN La gran cantidad de escuelas y talleres que se desarrollaron en las distintas regio- nes que conformaron el norte de África en la época romana, y la similitud de ciertospatrones iconográficos y esquemas compositivos ha dado lugar a una serie de consi- deraciones, plasmadas en multitud de estudios debidos a cualificados especialistas que determinan una cierta dependencia de esos talleres y escuelas norteafricanos de varias reproducciones musivas de Hispania, Sícilia,Italia y la Galia fundamentalmente. En el caso concreto de Hispania muchos son los autores que se han decantado por apreciar esa influencia en ciertas series relacionadas con el mundo dionisíaco, con lostemas de la vida cotidiana, en especial los episodios de caza y el mundo marino entre otros asuntos. Sí es verdad que existen relaciones, no es menos cierto que se observan notables diferencias igualmente. Probablemente esta problemática se ha abordado hasta el momento de una manera no completa. Pensamos que con el avance de la investiga- ción se podrá llegar a una conclusión, que ahora simplemente intuimos, y que no es otra que la interdependencia entre regiones limítrofes, sobre todo en el BajoImperio, en el que se produjo, a lo que parece, una koiné cultural en el Mediterráneo occidental. ZUSAMMENFASSUNG Allgemein herrscht in der Forschung die Vorstellung einer gewissen Abhaengigkeitvieler Mosaik-Darstellungen in Hispanien, Sizilien, Italien und Gallien von nordafri- kanischen Werkstaetten und Schulen. Ein Grund fuer diese Annahme ist die besonders grosse Zahl bluehender Werkstaetten, die im roemischen Afrika taetig waren; ein zweiter liegt in der nachweislichen Verwandtschaft der Mosaik-Produktion dergenannten Laender mit jener der nordafrikanischen Offizinen bezueglich bestimmterikonographischer Repertoires und Kompositions-Schemata. Im Fall der Mosaik-Kunst Hispaniens moechte die Mehrzahl der Forscher norda- frikanischen Einfluss besonders bei Darstellungen aus dem dionysischen Bereich unddem des taeglichen Lebens erkennen, hier besonders bei Jagdszenen und Themen aus der Meerwelt.  JosÉ MARÍA ÁI-vannz Ir¡lnrÍNnz 'Waehrend die Existenz derartiger Beziehungen ausser Zweilel steht, sind dochandererseits auch erhebliche Unterschiede festzustellen. Die sich hieraus ergebende Problematik ist bisher noch keineswegs erschoepfend behandelt worden. Mit fortsch- reitender Forschung wird man vermutlich zu einem Ergebnis gelangen, das wir vorla- eufig nur intuitiv vorwegnehmen koennen, naemlich dass in all jenen Randgebieten des roemischen Weltreiches wechselseitige Abhaengigkeiten und Einfluesse geherrscht haben, besonders in der Spaetzeit, zt der sich anscheinend eine Art kultu-reller "koiné" im westlichen Mittelmeerbereich herausgebildet hatte. Un tema bien extendido en los estudios de la musivaria occidental ha sido el de determinar el grado de influencia que los talleres y escuelas norteafricanas desar¡olla- ron en otras regiones más o menos limítrofes como la Galia, Hispania y la propia Península [tâlica y sus islas.Estas consideraciones han tenido como base la espléndida realidad de las escuelas que se desarrollaron en el Norte de África, a partir de finales del siglo I d.C., y sobre todo en el período comprendido entre mediados del siglo II y los finales del siglo III d.C., el que se ha dado en llamar "la Edad de Oro del mosaico norteafricano"'. Esas destacadas series musivas que han proporcionado conocidos yacimientos que se ali- nean de Tripolitania a la Tingitana, y que muestran un sin fin de bellos motivos orna-mentales, entre ellos las notables producciones del denominado "estilo florido", de conocidas representaciones mitológicas, o de asuntos de la vida cotidiana, son las quehan hecho pensar a diversos autores en una cierta dependencia de las mismas de algu- nas escuelas que se desarrollaron en la Galia, Italia o la Península Ibérica y que, indu- dablemente, ofrecen temas y representaciones similares y, por qué no decirlo, en oca-siones, estilos muy cercanos. Desde luego, el gran número de pavimentos recuperados en esa prolífica región,que se vio favorecida por la administración romana en el período referido, permite a los especialistas realizar estudios que, de día en día, van determinando la personalidad y la variedad de las escuelas que surgieron en ese fuea geogrâfic*. La gran especialista en esta materia, Dunbabin, opinaba3 que los primeros contac- tos entre los mosaistas hispanos y los norteafricanos pudieron haber tenido lugar a comienzos del siglo III d.C. Con posterioridad, las relaciones se estrecharían comopone de manifiesto la repetición de las representaciones, similares en uno y otro caso, bien por esos contactos directos aludidos o por el uso de los mismos modelos y llega- ba a pensar que el auge en larealización de mosaicos hispanos en el siglo IV d.C. pudo motivar, incluso, la presencia de musivarios norteafricanos en busca de trabajo, que(l) G. Ch. Picard. "L âge d'or de la mosalque romaine en Afrique du Nord", Les dossiers de I'Archéologie, 31, novembre décembre 1978, pp. 12 ss. (2) Un magnílico estudio de síntesis sobre las producciones norteafricanas es el de K.M.D. Dunbabin, The Mosaics of Roman NorthÀfrica,studiesinlconographyandPatronage,OxfordMonographsonClassicalArchaeology,Oxford, l9TS Laobra de la Prof. Dunbabin vino a sistematizar un buen número de cuestiones planteadas en trabajos antetiores. Un ejemplo reciente de lo que supone el estudio ajustado de la prodncción musiva en una región y de su área de influencia c-¡?.. S. Gozlan LaMaison du T[iomphe de Nephrne à Acholla (Botria, Tunisie). I. Les mosaiques, Col]ection de l'École Française de Roma, 160,Roma, 1992.Hay quedestacaldeiguaìmodo,elesfue¡zollevadoacabosoblelosmosaicosdeTúnezporelInstituto Nacional de Arqueología y Arte de Túnez en colaboración con un grupo de instituciones americanas, que ha daclo como restll-tado la publicación de varios fascículos del Corpus des mosaiques de T[nisie, bajo la dirección de M. Alexander y M. Ennaifer.(3) K.M. D. Dunbabin, op cit., pp.219-220 40  La influencia africana en el mosaico hispanorromano: algunas consideraciones 4t influirían en la temática y en el tipo de composiciones, muy similares en muchos casosa las norteafricanas. Ésta fue, igualmente, nuestra reflexión a propósito del estudio de los caracteres de los mosaicos delavilla de "El Hinojal", donde apreciábamos refle-jos africanos, más concretamente de lazona de Cartagoa. Esta situación era también perceptible en otras regiones como Italia, y, sobre todo, Sicilia. A propósito de los mosaicos de la isla y su relación con los del Norte de África, Wilson'llegó a lanzar tres hipótesis a manera de explicación del parentesco entre unas y otras producciones: a) Los mosaicos sicilianos pudieron ser realizados por artesanos africanos. b) Los talleres africanos pudieron haber tenido filiales en la isla. c) Se utilizaron los mismos carlones, sin atender a la personalidad de una y otra escuela. Parecidas consideraciones se hizo Johnston a propósito de la posible influencia de los mosaicos africanos en los británicos: que mosaistas africanos visitaron, o se esta- blecieron en Gran Bretaña; que repertorios o manuscritos srcinarios del Norte de África se usaron en Britannia o,lo que parece más probable, que las influencias lle- garon indirectamente, de acuerdo con la difusión de los temas en el Imperio6. Por su parte, entre nosotros, el Prof. BlâzquLez, que ha realizado una meritoria y reconocida labor de estudio y de difusión de los mosaicos hispanos y ha dado aliento a un buen equipo de especialistas, ha incidido en numerosas ocasiones en la influen-cia africana de algunas de nuestras series musivas de los siglos III y IV d.C. funda-mentalmente. Sus consideraciones son muy acertadas y la evidencia está presente en muchas de ellas, pero, aceptándola, ha llegado a opinar en alguna ocasión que se ha exagerado un tanto esta influencia y que a veces las similitudes pueden responder al empleo de un modelo común'.Otros estudiosos han minimizado esta influencia africana en nuesttas producciones. Tal es el caso de Fernández-Galianos, quien ha llegado a cuestionar la dimensión deesa posible dependencia. En verdad, el panorama dista mucho de ser claro. Es cierto que se aprecian influen- cias, pero no lo es menos que las afinidades afectan a cuestiones de caúrcTet general, fundamentalmente a aspectos iconográficos, mientras que los esquemas compositivos, y los temas ornamentales, que, en ocasiones, pueden definir más a una escuela o variante, no se han analizado con la profundidad que sería de desear, aunque se está en el camino correcto gracias los programas de estudio que se han llevado a cabo en los últimos tiempos tanto en un sitio como en otro. Hoy, en nuestra opinión, no estamos en i4¡ Jir.l. Álvarez Martínez "La villa romana de 'El Hinojal'en la dehesa de 'Las Tiendas'(Mérida)", NAH Arqueología,4, 1976. Decíamos en ese estudio (p. 45S): "Creemos que se trata de artistas conocedores de la corriente africana que triunfa ple- namente en occidente desde finales del siglo III d.C. y que tùvo ramificaciones claras en Sicilia, Galia, Italia etc. No hay quedesechar de ninguu mo<lo la hipótesis de que los a¡tífices de nuestros mosaicos fueran artistas ambulantes muy relacionados o procedentes de una zona próxitna a Cartago que trabajaron para unos clientes que les imponen stl gusto...".(5) R.J.A. Wilson. "Roman mosaics in Sicily: The African connection", AJA, 86, 1982,pp.413-428.y sobre todo pp. 425 ss.;1¿l., "Mosaics, mosaicists and patrons", JRS,7l, 1981, pp. 173-11'7. En las recensiones de varias obras, entre ellas la de Dunbabin, se consideran las razones, que luego desanollaría en el artículo de AJÀ. (6) D.E. Johnston. "Some possible North African influences in Romano-British mosaics", Fith International Colloquiurn on Ancient Mosaics, (Bath, 1987), Ann Arbor, 1994, pp.295 ss y resumen en p. 304. (7) Varios son los estudios en los que el Prof. Blázquez ha hablado de las relaciones de nuestras producciones musivas con las del Nofte de África. Vaìga como muestra uno de sus más interesantes trabajos: J.M. Blázquez, G.L6pez Monteagudo, M.P García Gelabert, M.L. Neira, "Influjos africanos sn los n.ìosaicos hispanos", L'Africa romana. Atti del VII Convegno di stu- dio, Sassari, 15-17 dicembre 1989, pp. 673-694. (8)D.Femández-Galiano,"EltriunfodeDionisoenmosaicoshispanorromanos",AEspA,57,n'149-150,1984,pp 111ss.  JosÉ MARÍA,4rvRnnz uaRriwezcondiciones de presentar sino una leve aproximación al problema, aunque reconoce-mos, de entrada, que esas relaciones y similitudes en las producciones musivas existen.Es claro, como se ha dicho en numerosas ocasiones, que los contactos que mantuvo Hispania con el Norte de África a lo largo de varios siglos fueron abundantes.Blâzquezn ha enumerado repetidamente los momentos y las circunstancias en los que esas relaciones se hicieron más patentes'.. Éstos se incrementaron considerablemente durante el Bajo Imperio y es significativo a este respecto el gran número de testimonios que vinculan a la iglesia hispana, en especial a la emeritense, con la de Cartago, que era regida por la poderosa figura de San Cipriano, quien llegó a enviar una carta a la atri- bulada diocesis augustana inmersa en una crisis por la apostasía de su metropolitanor'. Existieron, además, a lo que parece, abundantes intercambios comerciales entre ambas regiones y en el caso, también, de la colonia Augusta Emerita,la importación de la denominada sigillata africana fue una prâctica común ya desde finales del siglo I d.C. y la segunda centuria, fecha en la que llegan las correspondientes al tipo A pro- cedente de los alfares del Norte deT(tnez, aunque con escaso número de ejemplares y fruto de un comercio todavía ocasional, para generalizarse ya en la segunda mitad del siglo II d.C. y primera mitad del siglo III d.C. La verdadera invasión de ejemplaresafricanos, correspondientes ya ala variedad C, rcalizados igualmente en la Bizacena, se produce a partir de la primera mitad del siglo III y su mayor presencia en el mer- cado emeritense se puede situar entre e1240 y el 350, aunque en la cuarta centuria son ya piezas correspondientes a la forma D las que lo ocupan hasta la primera mitad delsiglo V d.C.''RELACIONES ENTRE LAS ESCUELAS NORTEAFRICANAS E HISPANAS. TIPOS ICONOGRÁFICOS Estas relaciones se han querido apreciar en una serie de motivos iconográficos que corresponden a conocidas series, y que se repiten en ambas regiones. Son, fundamen-talmente, asuntos báquicos, temas nilóticos, escenas de circo y de la vida cotidiana, en especial los lances cinegéticos, entre otros varios. Temas bdquicosLos temas del ciclo de Baco, en particular aquéllos que contienen una representaciónde su cortejo poblado por ménades, sátiros, faunos y personajes bien conocidos como Pan y el viejo Sileno, o los que presentan el propio triunfo del dios, son bien frecuentes (9) J M. Blázquez et alii, art. cit., pp.673-74.(10) Una buena síntesis del problema se puede \¡er en su estudio: "Relaciones entre Hispania y Africa desde los tiempos de Alejandro Magno hasta la llegada de los árabes", en F. Altheim - R. Stiehl, Die Araber in der Alten Welt, Berlín, 1969, y,2 pp 410-498.(11) Véasesobreesteasunto: JM.Blizquez,"Lacarra6T deCiprianoyelsrcenafricanodelcristianismoespañol",Homenaje a Pedro Sáinz Rodríguez. III. Estudios Históricos, Madrid, 1986, pp.93-102 Más reciente es el estudio de R. Teja, quienllega a identificar como obispo emeritense a Basílides y no a Matcial, como hasta ahora se venía ¿dmitiendo c/r; "Mérida cris- tjana en el siglo III: sus primelos obispos", en l\{érida y Santa Eulalia. Actas de las Jornadas de Dstudios Eulalienses, Mérida, 1995, pp.33-44 Sí palece muy evidente la dependencia de los modelos africanos en los nosaicos hispanos de temá-tica cristiana, doncle no cleja de apreciarse la coriente itálica de los centros del Adriático fundamentalmente. Soble los mosai- cos afi'icanos del periodo que tanto influl,eron en Hispania: N Duval, La rnosaiquc funéraire dans l'art paleochrétien, Ravenna, 1976; K.M. Dunbabin, "lvlosaics of the Byzantine period: ploblen.rs and directious of research", Cahiers des étudesanciennes, 18, pp. 9 ss.; M. Ennaifer, "La mosaïque afi'icaine à la fin de l'antiquité et au début de I'epoque médievale", FithInternational Colloquium on ancient lVlosaics (Bath, 1992), Ann Arbor, 1994, pp. 307 ss. Véase igualmente: J.M. BlázquezMartínez, "Mosaico paleocristiano del Museo de Huesca", La romanització dcl Pirineu, Puigcerdá, 1990, pp. 137-141.(12) A.Yâzqtez de la Cueva, Sigillata africana enÀugusta Ernerita, Monografías Emeritenses 3. Mérida, 1985, pp. 89 ss. 42  La influencia afncana en el mosaico hispanorromano: algunas consideraciones43 en la musivaria romana, en varias épocas que podemos situar, en los momentos de mayor proliferación de escenas, entre el siglo II d.C. y el siglo IV d.C., sin que falten algunos ejemplos posteriores a esa cronología. Los tipos iconográficos se acuñaron bien pronto'3, en época helenística y se repitieron hasta la saciedad no sólo ya en mosaicos, sino también en pinturas, relieves, fundamentalmente en sarcófagos, y en crertas arles menores. Las escuelas norteafricanas igualmente prestaron importancia a estos temas, pero quizá hubo un interés más marcado por la representación del Triunfo de Dionisos. Así'*, desde finales del siglo II, o comienzos del siglo III d.C. aparece una larga serie con este tipo de escenas: Hadrumetum, ElDjem, Cherchel, Tipasa, Sabratha, SaintLeu etc. Todas ellas tienen una característica común y es la uniformidad, a pesar de las variantes cronológicas y de detalle''. Dunbabin ya explicaba esa uniformidad por la dependencia de todas ellas de un modelo común, que se interpretaría ds una u otramanera en las diferentes composiciones'6. Por su parte, en Hispania surgieron otras representaciones del Triunfo de Baco en mosaicos de Zaragoza, Eclja,ltáÃica, Cabra, Torre de Palma, Baños de Valdearados, Liédena,Tarragona, ejemplares bien conocidos, con una cronología que va de la mitaddel siglo II d.C. hasta el siglo IV d.C.'', a los que habría que añadir el más reciente- mente aparecido en la provincia de Badajoz, en la Finca "Torre Albarragena" , cerca deSan Vicente de Alcántara'8.A partir de esos abundantes ejemplos que proporcionan tanto las escuelas nofteafrica- nas como las hispanas se han querido establecer relaciones entre ambcls grupos, basadas en las coincidencias iconográficas de varios de estos pavimentos. Así, Blanco ya obser- vó justamente afrnidades entre el Mosaico deZaragozay los de Hadrumetumy El Djem'e. Por su parle,Blâzqtezzo también apreció estas similitudes bien evidentes, en cuanto a aspectos iconográficos y a tipos compositivos. El Mosaico de Zaragoza (Látm. 5,1)'' habría que relacionarlo con varios ejemplares norteafricanos: con los de Hadrumetum, El Djem y Cherchel" poÍ la forma de carro que aparece en ellos, muy similar.Igualmente, la consideración de la figura del dios sería muy semejante en los mosai- cos de Zaragozay El Djem. Por fin, la figura de Victoria que aparece coronando al dios en Zaragoza es muy cercana a las que se aprecían en Hadrumetunx y El Djem. Otros mosaicos hispanos reflejarían rasgos comunes con sus congéneres africanos. Así, el de F,ctj*', de fines del II d.C. se emparentaría con el de Hadrumetum;el de Itálica'4, de (13) C. Casparri, s v. Dyonisos en LIMC III, 1, pp 496 ss. (14) K.M. Dunbabin, "The triumph of Dionisos on mosaics in North Africa", PBSR, 39, 1971, pp. 56 ss. (15) Unas son más completas que otras No es lo mismo la abiganada composición que aparece eu la "Casa de la Procesión Dionisiaca" de El Djem (Cfr. L Fouchel. La Maison de la Procession Dionysiaque a El Jem, Publications de l'Université de Tunis, lre. Serie: Archéologie e Histoile, vol XI. Paris, 1963) que la representación de Sablatha, más resumida (16) K.M Dunbabin, op. cit, pp 1'81-182. (17) D. Fernández-Galiano, El Tliunfo,.., pp.98 ss. ( l8) A González Cordero, M. de Alvarado Gonzílez, J. Molano Brías, "Mosaicos de la vill a romana de Torre Albarragena Un nuevo triunfo báquico en la Península lbérica", AEspÀ, 63, 1990, pp. 3I1-33O(19) A Blanco, "Mosaicos antiguos de asunto báquico", BRAH, CXXXI,1952,pp.273 ss. (20) J.M Blâzqrez, et alii, art cit., pp.675-678. (21) D. Fernández-Galiano, Mosaicos romanos del convento cesaraugustano,Zatagoza,l9ST,pp.42-46. (22) KM D Dunbabin, op. cit., pp. 181-182. (23) J M Blâzqi,ez, Corpus de mosaicos de España. Fasc. IV. Mosaicos românos de Sevilla, Granada, Cádiz y lVlurcia, Madrid, 1982., n" l, pp. l3-19, láms. 1-2, 38-39. (24) A. Blanco Freijeiro, Corpus de mosaicos romanos de España. Fasc. II. Mosaicos romanos de Itálica (I), Madrid, 1978, n' 19, pp. 40-41, lâms 44-45
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