Presión e intereses en torno al cargo de protector general de indios

Biografía

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Anuario de Estudios Americanos, 67, 1, enero-junio, 209-237, Sevilla (España), 2010 ISSN: 0210-5810 Presión e intereses en torno al cargo de protector general de indios del Nuevo Reino de León: el caso de Nicolás de Villalobos, 1714-1734/ Pressure and interests about the office of the Nuevo Reino de León Indians protector: the case of Nicolás de Villalobos, 1714-1734 Ascensión Baeza Martín Universidad de Sevilla La perniciosa transformación sufrida por el sistema de utilización de la mano de obra indígena en el Nuevo Reino de León, caracterizado por los estragos y esclavitud a los indios en las encomiendas o congregas, provocaban su rebeldía. Los frecuentes asaltos a los colonos españoles y sus propiedades, así como las expediciones y castigos de estos con- tra los aborígenes reflejaban las duras condiciones de vida en esa provincia del nordeste del Virreinato de Nueva España y el constante estado de guerra de la misma. Con los subs- tanciales cambios implantados desde el gobierno virreinal mediante el envío en 1714 del comisionado Francisco de Barbadillo Victoria y la creación por éste del cargo de protector general de indios en esa tierra, se trató de frenar esta incontrolable situación. La dificultad de que se afianzara la figura del protector, tan necesaria en los primeros tiempos de las reformas, dejaría ver los partidismos, pasiones e intereses de las autoridades y de los diver- sos sectores sociales de esa región fronteriza. PALABRAS CLAVE: Nuevo León; Esclavitud; Congregas; Frontera; Colonos, Estado de guerra; Francisco de Barbadillo Victoria; Protector de indios; Nicolás de Villalobos; Reformas; Partidismos. The pernicious transformation undergone by the system of use of the indigenous workpeople in the Nuevo Reino de Leon, characterized by the ravages and slavery to the Indians in the encomiendas or congregas, provoked their rebelliousness. The frequent assaults to the Spanish colonists and their properties, as well as the expeditions and pun- ishments of these against the natives reflected the hard conditions of life in that province of the northeast of the Viceroyalty of Nueva España and the constant been military of the same one. With the substantial changes implanted from the viceregal government by means of the shipment in 1714 of the commissioner Francisco de Barbadillo Victoria and the creation by this one of the employment of General Indians Protector in that earth, one was to restrain this uncontrollable situation. The difficulty of which the figure of the protector, so necessary in the first times of the reforms, held fast, would let see the partisanship, passions and inter- ests of the authorities and the diverse social sectors of that border region. KEYWORDS: Nuevo Leon; Slavery; Congregas; Frontier; Colonist; Been military; Francisco de Barbadillo Victoria, Indians’ Protector; Nicolas de Villalobos; Reforms; Partisanships. 209 ASCENSIÓN BAEZA MARTÍN A raíz del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo y para defender a los indios de los abusos y agravios de los españoles, la Corona mandó promulgar —como es sabido— una serie de disposiciones relativas a su libertad y buen tratamiento. Junto con otras dirigidas a afianzarlos como vasallos del soberano español e incluirlos en el sistema jurídico colonial, formarían parte del Cedulario Indiano reunido por Diego de Encinas (1596) y, más tarde, de la Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias (1680). Muchos de esos preceptos tuvieron que ser reiteradamente recordados a lo largo del periodo de dominación por su frecuente inobser- vancia.1 De entre las providencias que se prescribieron una fue la de instituir en Perú y Nueva España en 1528 el cargo de protector general de indios, recayendo el primer nombramiento, en el caso del Virreinato novohispano, en fray Juan de Zumárraga, obispo electo de México. En 1582 fue suprimi- do, restableciéndose en 1589. Este empleo, que sería abolido o volvería a implantarse en diversas épocas y zonas, estuvo en manos del clero secular o regular, de obispos, de fiscales de Audiencias, etc., llegando a fundarse en 1592 el Juzgado General de Indios de Nueva España regulado por unas ordenanzas.2 Al igual que en otras áreas, en el Nuevo Reino de León, situado en la frontera nordeste del territorio novohispano, los gobernadores, las justicias y otros cargos públicos tenían el deber de informar acerca del trato a los indígenas. Los españoles, ya como encomenderos y después como capita- nes protectores, estaban llamados a ser los defensores de aquellos indios que recibían en encomienda como fuerza de trabajo y a los que se compro- 1 Diego de Encinas (recop.): Leyes de Indias. Cedulario de Encinas. Estudio e índices por Alfonso García Gallo. Madrid, Cultura Hispánica, 1990. Francisco de Icaza Dufour (coord.): Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias. México, Miguel Ángel Porrúa, 1987, 5 vols. 2 Paulino Castañeda Delgado: “La condición miserable del indio y sus privilegios”, Anuario de Estudios Americanos (AEA), XXVIII, Sevilla, 1971, pp. 245-335, pp. 276-277. Se citan las reales cédulas (Burgos, 15 de febrero de 1528 y Lisboa, 27 de mayo de 1582) en donde constaban las razo- nes por las que se creo y suprimió dicho cargo. Constantino Bayle (SJ): “El protector de indios”, AEA, II, Sevilla, 1945, pp. 1-180, pp. 25-114. Woodrow Borah: El Juzgado General de Indios de la Nueva España. México, Fondo de Cultura Económica (FCE), 1985, pp. 104-109. Estudios sobre la figura del protector de indios en distintas franjas del borde septentrional de ese Virreinato en Philip Wayne Powell: Capitán mestizo. Miguel Caldera y la frontera norteña. La pacificación de los chichimecas (1548-1597). México, FCE, 1980. Charles R. Cutter: The Protector de Indios in colonial New Mexico, 1659-1821. Alburquerque, University of New México Press, 1986. Beatriz Suñe Blanco: “Evolución de la figura del protector de indios en la frontera norte de Nueva España”, en Antonio Gutiérrez Escudero y María Luisa Laviana Cuetos (coords.): Estudios sobre América, siglos XVI-XX. Sevilla, Asociación Española de Americanistas, 2005, pp. 727-744. 210 AEA, 67, 1, enero-junio, 2010, 209-237. ISSN: 0210-5810 EL CASO DE NICOLÁS DE VILLALOBOS, 1714-1734 metían a adoctrinar, alimentar y a cumplir con ellos las demás obligaciones inherentes a esta concesión que no era una propiedad. Sin embargo, el funcionamiento de la encomienda en esta provincia difería del practicado en el México central o meridional por diversas cau- sas, entre ellas, por las abundantes tribus apenas pobladas y su nomadismo o la exigua ventaja económica de la misma. Estas y otras características, unidas a la tolerancia de las autoridades y lejanía del gobierno virreinal, darían lugar a que dicha institución se transformara y corrompiera, resul- tando una formación mixta denominada más tarde congrega. Esto ocurriría pese a que en 1672 se había expedido una real cédula ordenando que a los indios que se redujeran pacíficamente en esa región se les congregara en pueblos, repartiera tierras y eximiera de tributar durante diez años, prohi- biendo bajo graves penas que se les vendiera, esclavizara, o traspasara, como se había hecho hasta entonces. Sólo se cambió el nombre de enco- mienda por el de congrega, siendo ésta para los dueños, como expresaría posteriormente el virrey duque de Linares, “un honesto título de dominar- los tiránicamente sin cumplir con el fin para que se les aplican, que es el de que los domestiquen y eduquen.”3 Tampoco tuvo efecto un nuevo despacho cursado años después por informe del obispo de Guadalajara (Nueva Galicia) Juan de Santiago de León Garabito tras su visita pastoral a esas tierras ni las censuras de otro de sus obispos, Diego Camacho de Ávila.4 Los abusos, la tradición esclavista iniciada desde tiempos del primer gobernador Luís Carvajal de la Cueva y sus colaboradores, la desestructu- 3 Archivo General de Indias (AGI), Guadalajara, 166. Real cédula de la reina gobernadora. Madrid, 9 de mayo de 1672 y Linares al rey. México, 20 de septiembre de 1715. Cita la cédula, entre otros, Silvio Zavala: Entradas, congregas y encomiendas de indios en el Nuevo Reino de León. Sevilla, Universidad de Sevilla, 1992, pp. 90-91. Andrés Montemayor Hernández: “La congrega o encomienda en el Nuevo Reino de León”, Humanitas, 11. Monterrey (México), 1970, pp. 539-575, pp. 546-547 y 563. Más datos del tema y otros de esa región en Alonso de León: Historia de Nuevo León con noti- cias sobre Coahuila, Tejas y Nuevo México. México, Librería de la Vda. de Ch. Bouret, 1909. Eugenio del Hoyo: Historia del Nuevo Reino de León (1577-1723). Monterrey, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores, 1972, 2 vols. Juan Bautista Chapa: Historia del Nuevo Reino de León de 1650 a 1690. Monterrey, Gobierno del Estado de Nuevo León, 1990. 4 AGI, Guadalajara, 166. Gerónimo López Prieto (SJ) a Juan de Oliván. Colegio de San Javier de Monterrey, 2 de enero de 1714. Refiere que la real cédula llegó cuando ya había fallecido el obispo. Ibidem. Francisco de Barbadillo Vitoria al virrey. México, 23 de marzo de 1716. Carlos Manuel Valdés: La gente del mezquite. Los nómadas del noreste en la colonia. México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 1995, p. 188. Da noticias de la visita del obispo tomada de otras fuentes y analiza interesantes aspectos de la vida cotidiana y evolución de las tribus indígenas de la frontera nororiental en contraste con los de otros grupos de ese Virreinato. Montemayor, “La con- grega”, p. 564. AEA, 67, 1, enero-junio, 2010, 209-237. ISSN: 0210-5810 211 ASCENSIÓN BAEZA MARTÍN ración de sus núcleos familiares, amen de otras estrategias utilizadas por los españoles en su avance colonizador en detrimento de los indígenas, de su espacio y recursos habituales, fueron provocando su huida y rebeldía, volviendo a sus antiguos refugios y ritos. En su desquite y confederados con los indios gentiles que se resistieron a ser dominados, cometían a menudo asaltos, muertes y demás barbaries contra la población. Tierra de “guerra viva” se la consideró, al igual que otras del septentrión novohispa- no de similares características.5 Esencialmente lo mismo sucedía en esa región a inicios del siglo XVIII, como se prueba por un informe mandado realizar hacia 1713 por el oidor de la Audiencia de Guadalajara, Juan de Oliván Rebolledo, acerca del tratamiento que se les daba a los indígenas en las congregas. En síntesis, se reconoce que los indios se obtenían “a fuerza de armas y miedos” mediante entradas a sus tierras con licencias que pagaban al gobernador, para después congregarlos en sus haciendas donde solían permanecer sólo durante la cosecha; que por su labor, que duraba desde el amanecer hasta que oscurecía, se les daba usual- mente una exigua ración de maíz al día y unas prendas de vestir; que, aunque no con el descaro del pasado, se seguía practicando la compraventa de indios adultos o párvulos, que arrebataban a sus madres, así como su alquiler y true- que; que salvo rara excepción, ni les enseñaban la doctrina ni los llevaban a las parroquias a aprenderla, consintiéndoles, en algunos casos, conductas inmorales para contentarlos y no perder su servicio. Algunos encomenderos se justificaban diciendo que eran mayores las sumas que desembolsaban que el beneficio obtenido con los indios, pues, por la licencia para la entrada pagaban 25, 30 ó 40 pesos, por la visita del gobernador 50 y al escribano 100 por un título o traspaso de encomienda o congrega, sin quedarle recurso para pedir justicia debido a su pobreza y a las 200 leguas que les separaban de la Audiencia de Nueva Galicia.6 5 Dos notables y vastos estudios sobre los procesos históricos, etnias y otras materias del Septentrión novohispano en su conjunto: Luis Navarro García: Don José de Gálvez y la Comandancia General de las Provincias Internas del Norte de Nueva España. Sevilla, EEHA, 1964 y Alfredo Jiménez Núñez: El gran norte de México. Una frontera imperial en la Nueva España (1540-1820). Madrid, Tebar, 2006. 6 AGI, Guadalajara, 166. Oliván al rey. Guadalajara, 20 de marzo y 27 de julio de 1714. Recogía una información proporcionada por el vicario y juez eclesiástico de Monterrey, Gerónimo López Prieto, quien, a instancias de Oliván, le había remitido un testimonio de autos. AGI, Guadalajara, 92. Declaraciones de los capitanes Simón de Jáuregui y Francisco Antonio de Avia. Monterrey, 29 de diciem- bre de 1713 y 2 de enero de 1714, en Autos sobre el tratamiento a los indios (“Autos”), fs. 1v.-3v. y 8-8v. Sus declaraciones coinciden con las del resto de testigos, todos muy conocedores de lo que ocurría en esa región. Ibidem. Certificación del presbítero Juan de Arellano. Monterrey, 2 de enero de 1714, fs. 11-13. 212 AEA, 67, 1, enero-junio, 2010, 209-237. ISSN: 0210-5810 EL CASO DE NICOLÁS DE VILLALOBOS, 1714-1734 Los indígenas, como ya referimos, vengaban las tiranías con hostili- dades a los vecinos. El virrey Linares las atribuía a “su veleidad y barbaris- mo” pero, también, a “no haber quien trabaje en amansarlos y sobrar quien los maltrate y despeche”. Al fiscal del Consejo de Indias le causaría asom- bro comprobar cómo, estando esa provincia subordinada al superior gobierno del virrey, no se hubiera puesto ya remedio. Juzgaba que lo orien- tado a la mayor libertad de los indios y a su adoctrinamiento se estaba per- diendo por “la insaciable y asquerosa codicia y interés” de unos particula- res. El Consejo, en febrero de 1715, subrayó la urgencia de aplicar medidas proponiendo que se enviara a Oliván a que pusiera en práctica la real cédu- la de 1672 y procediese contra los culpados. Parece que al Consejo no le habían llegado aún noticias de que desde diciembre de 1714 ya estaba cumpliendo esa y otras tareas a través de una comisión el alcalde de Corte de la Audiencia de México Francisco de Barbadillo Victoria.7 Creación del cargo de protector en tierras neoleonesas La instauración del empleo de protector de indios en Nuevo León estuvo vinculada con la labor que a Barbadillo se le encomendó ejecutar en ese lugar. La gestión había sido planificada y aprobada en Junta general de Guerra y Hacienda celebrada el 22 de agosto de 1714, bajo la presidencia del virrey Linares. En ella se trataron varios y graves asuntos pendientes referidos a la delicada y ruinosa situación que se vivía en ese territorio, que, según auguraban algunos con tintes melodramáticos, hacía presagiar su ocaso.8 A este fin ya se habían formalizado una serie de denuncias, entre ellas la del que fuera gobernador de esa región, Francisco de Mier y Torres; de los capitulares del Ayuntamiento de Monterrey, su capital; del franciscano fray Juan de Losada; del jesuita Gerónimo López Prieto o del ya citado oidor Oliván, proponiendo estos últimos como recurso la creación de un 7 AGI, Guadalajara, 166. Linares al rey. México, 20 de septiembre de 1715. AGI, Guadalajara, 92. Respuesta del fiscal del Consejo. Madrid, 8 de febrero de 1715 y Consejo, 11 de febre- ro de 1715. 8 AGI, Guadalajara, 166. Certificación de Pedro de Luna y Gorráez. México, 7 de septiem- bre de 1714. Da fe de la celebración de la Junta, de lo que en ella se trató y del nombramiento de Barbadillo. AEA, 67, 1, enero-junio, 2010, 209-237. ISSN: 0210-5810 213 ASCENSIÓN BAEZA MARTÍN Obispado, la extinción de las congregas y formación de pueblos de indios a los que se les pagaría un jornal cuando fuesen requeridos para trabajar fuera. Haciendo sólo un breve apunte de la Junta, de la comisión y sus resul- tados, diremos que las materias a debatir fueron cuatro. Dos referidas a la situación de los indios y medidas a tomar, ya descritas, y el resto con las tácticas a seguir para combatir sus ataques. Ataques que se habían agrava- do de cinco años a esa parte con un balance de más de 300 vecinos muer- tos, sobre todo pastores y sus parientes, y el robo de unas 40.000 ovejas y a cuyo efecto se pretendía formar una compañía volante y fundar una villa (San Felipe de Linares) como protección contra los indios gentiles de la sierra de Tamaulipas. En la Junta se aprobó la propuesta del fiscal de la Audiencia de enviar un ministro togado, eligiéndose a Barbadillo, quien a partir de diciembre de 1714 comenzaría la visita. No pudo empezarla antes por haber intentado impedirla, al parecer, el marqués de Villapuente y sus par- ciales residentes en México, pero con intereses en Nuevo León, pretextan- do razones aparentemente útiles al real servicio que al final se desestima- ron. De acuerdo con las instrucciones que se le facilitaron y con su visión del estado de ese territorio, Barbadillo extinguió las congregas; procuró atraerse con indultos a los indígenas alzados; fundó tres pueblos de indios y repobló dos, con un total de unos 4.500, en los que dejó un misionero franciscano en cada uno, no sin dificultades, pues las medidas expropia- torias de tierras practicadas provocarían el descontento de algunos veci- nos. Elaboró unas ordenanzas para el buen régimen y solidez de los pue- blos fundados, en uno de cuyos capítulos se recogía la creación del empleo de protector general de indios para defensa y respaldo de todas las tribus indígenas pacificadas de esa región. El protector estaría supeditado al virrey, a quien daría cuenta de la actuación del gobernador con los indios, los cuales quedaban inhibidos de la jurisdicción de éste y de las demás justicias. El visitador culminó su labor, que duró hasta marzo de 1716, con la formación de una compañía volante compuesta por 70 soldados, un capitán y un pagador. Su sostenimiento —22.000 pesos anuales— se prorratearía entre los dueños de las estancias y haciendas de ovejas que entraban a pas- tar en ese lugar por ser los más beneficiados con ella.. No obstante, el gobernador de ese momento, Francisco Báez Treviño, no admitió al protector ni a las ordenanzas. Sólo lo haría si se lo mandaba 214 AEA, 67, 1, enero-junio, 2010, 209-237. ISSN: 0210-5810 EL CASO DE NICOLÁS DE VILLALOBOS, 1714-1734 el virrey. Barbadillo le intimó a cumplirlas, so pena de 2.000 pesos y a que correría de su cuenta y riesgo cualquier alteración que hubiera en los pue- blos. Discurría que Treviño era reacio a aceptarlas por ser nativo de esa tie- rra, con muchos parientes y compadres y sin más miras que su provecho. Quizás, argumentaba, estuviese quejoso por haber extinguido las congre- gas, ya que él tenía una y con la nueva planta se le privaba de las utilidades que le brindaba. Tampoco confiaba en la permanencia de las fundaciones y las otras medidas que había puesto en vigor, pese a haber hecho “la vista gorda” en algunas materias. Pensaba que era tanta la ofuscación de la gente de esa zona, que no les sería tan doloroso que les quitara a sus hijos como el que a los indios los hubiera puesto en pueblos. Temía que se frustrara su obra si tenía en cuenta la naturaleza de éstos, “extraña e irregular, la de los espa- ñoles, malvada y inicua; corta la aplicación al bien de estos indios y cari- dad con que se deben mirar”. No le faltaba razón. De vuelta a México, le habían llegado noticias de la creciente oposición de los españoles contra los indígenas y sus nuevas poblaciones. Pocos años después se le designaría gobernador de esas tierras fronterizas.9 José de Urrutia Barbadillo había nombrado como protector general de indios de las fronteras de Nuevo León a José de Urrutia, señalándole un sueldo de 700 pesos anuales sobre las Cajas de San Luís Potosí. Aunque el designado mostró su entera disposición para el servicio encomendado, éste no era fácil. Al mes y medio de estar ejerciéndolo ya era odiado y aborrecido por todos. Decía sentir una gran aflicción porque el salario no era tan sólo insu- ficiente para su sustento y vestuario, sino que no llegaba para mantener a 9 Ibidem. Cabildo de Nuestra Señora de Monterrey, 11 de noviembre de 1714. Adjunta testi- monio de once testigos que declaraban el aumento de las hostilidades indígenas. Ibidem. Fray Juan de Losada al rey. México, 29 de julio d
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